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Panorama general de la meditación.

El hombre es parte de la naturaleza, depende de ella, pero la trasciende y la domina pues no sólo es material, sino que tiene una dimensión espiritual que lo hace distinto a todos los demás seres. Tiene características especiales, es decir, es persona, es un sujeto que posee voluntad, libertad y, por lo tanto, responsabilidad y autoconciencia. Esto significa que no sólo es capaz de reflexionar sobre el mundo, sino que también es capaz de volver sobre sí mismo y modificarse. Posee el conocimiento intelectual que le permite reflexionar sobre los problemas trascendentales de la vida, además de que le permite también amar y elegir. Su singularidad consiste en que pertenece a la vez al mundo espiritual y al mundo material. Y una gran muestra de la singularidad del ser humano es el gran progreso que desvela en su capacidad creativa, argumentativa y auto reflexiva (A. Garay, 2016).
Esta capacidad del hombre de volver a sí mismo y poder modificarse, la podemos ver manifestada en la práctica de la meditación. Una práctica que le permite a la persona reflexionar, mantener la concentración sobre determinado objeto de conocimiento y a la vez el conocimiento de sí mismo.
La meditación ha formado parte de la vida del ser humano desde hace más de 3000 mil años (de acuerdo con la evidencia que se ha encontrado en la India) y durante este tiempo la meditación ha guardado un objetivo principal, el conocimiento de la misma persona y trascender el mundo material. A pesar de que esta práctica tiene diversas formas o modos de realizarse, sigue conservando su objetivo principal.
La meditación es definida, de manera general, como una práctica que busca mantener la concentración total o parcial de la mente, con la finalidad de potencializar las capacidades de esta y llevar a quien la practica a una interiorización de sí mismo, haciendo que sea consciente del mundo que lo rodea y de su propia existencia.
Algunos autores la definen como “una práctica que permite cultivar y desarrollar ciertas cualidades humanas fundamentales, de la misma manera que otras formas de entrenamiento nos enseñan a leer, a tocar un instrumento de música o a adquirir cualquier otra aptitud” (Matthieu ricard, 2009). O según Andy Puddicombe (monje budista) “es la práctica de un estado de concentración sobre algo concreto: un pensamiento, un objeto externo o la propia conciencia”. Dependiendo de la corriente de pensamiento, filosofía o religión hay distintas definiciones sobre la meditación que buscan explicarla bajo su sistema de pensamiento.
Hay diversas formas o maneras de meditar, entre las más importantes encontramos la meditación vipassana, el zen, el yoga, el reiki, la meditación cristiana y el mindfulness, las cuales se pueden clasificar en dos grandes grupos: las técnicas de atención focalizada (FA) o concentrativas y las técnicas de monitoreo abierto (OM).
Técnicas FA: se caracterizan por mantener la concentración voluntaria sobre un determinado objeto, éste puede ser la respiración, una pintura, una parte determinada del cuerpo, un sonido o mantra (repetición de frases u oraciones que ayudan a la concentración). No se les presta atención a los pensamientos que surgen durante la meditación, sólo se busca mantener una concentración donde no se emitan juicios del pensamiento que puedan surgir.
Técnicas OM: este tipo de técnicas se diferencian de las de atención focalizada debido a que se presta atención a los distintos pensamientos y emociones que surgen, buscando ser conscientes de ellos sin perder la concentración plena de la meditación.
Cabe señalar que es muy complejo clasificar las técnicas de meditación, ya que algunas de ellas comparten características y principios que pueden encontrarse en uno o más grupos de la clasificación.

Para Hola Jalisco: Abraham Palomera

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