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Cultura de la muerte vs Cultura de la vida.

Cada cultura tiene rasgos específicos de los cuales se vale para dar un juicio acerca de l realidad. En una cultura siempre habrá ideas que se unan entre sí para poder dar una visión sobre la realidad en la que nos encontramos insertos. Y de aquí, que cuando toma cimientos en la sociedad, ésta se basará en las ideas de la cultura para poder dar una interpretación de la realidad. De esta manera, la sociedad va representando la realidad de acuerdo con las ideas de la cultura. Representa la realidad a través del arte, la música, su manera de pensar y actuar… Y por fin la sociedad vive de acuerdo con el criterio de la cultura. Su mentalidad estará impregnada de las ideas que presenta dicha cultura.
El hombre de hoy se encuentra sumergido en una sociedad que ha ido construyendo una cultura de la muerte. Con el término muerte no sólo nos referimos al cesamiento de la vida biológica del hombre, sino al camino que se ha trazado hacia su propia destrucción sin dejar de existir, es decir, al aislamiento, al individualismo, a la soledad, donde se encuentra encerrado en su propio egoísmo y gradualmente pierde su sentido. Su valor como persona. Termina en el vacío, en la obscuridad, en la insatisfacción, en su propia destrucción, en otras palabras, en la muerte sin dejar de existir.
Si existe una cultura de la muerte es preciso que exista una cultura de la vida, porque para negar o ir en contra de algo es preciso que exista el contrapuesto. Si la cultura de la muerte niega la cultura de la vida, es entonces necesario también hablar de lo que se niega, para poder comprender de mejor manera aquello que se está negando.
La cultura de la vida se caracteriza principalmente, como ya su nombre lo dice, por defender y promover la vida. Propone vivir de acuerdo con la misma naturaleza que nos corresponde, en la libertad con responsabilidad, en el derecho con obligación, en la racionabilidad y fe, en la verdad que se fundamenta en la realidad, en el bien que nos hace trascender como personas, en pocas palabras, invita al individuo a vivir en la verdad, en esa adecuación con la realidad. Abre paso para que el sujeto tenga un sentido y un propósito de existir. Impulsa al conocimiento de sí mismo pero no para quedarse encerrado en sí, sino para poder comprender con mayor claridad la realidad y su vida misma. La cultura de la vida solo encuentra sentido en hacer reconocer a la persona su valor y su trascendencia.

Para Hola Jalisco:
Abraham Palomera

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