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Consumismo y felicidad.

El consumismo es algo que se ha impuesto en nuestra vida, es decir, se nos ha vendido la idea de consumir para ser felices, de comprar para no sentirnos pobres, de tener para demostrar nuestro valor ante la sociedad. El individuo ahora es educado para consumir, por lo que el consumismo pasa a ser el gobernador del pensamiento de la persona. De esta manera, el sujeto se vuelve más vulnerable y fácil de manipular, por tanto, no dudemos en que el individuo se vuelva dependiente y necesitado del consumo.
Se observa un empobrecimiento de la vida real del sujeto, es decir, el sujeto se desarrollará en una realidad de representaciones, donde ya no se rige por lo que es objetivo y real, sino por la simple búsqueda de la felicidad en un plano del mínimo esfuerzo. Porque ahora ya todo está a su alcance. Todo lo que desea, de alguna manera el consumismo se lo pone a su alcance. No necesita ya esforzarse demasiado por adquirir la felicidad, el mercado se la pone en sus manos.
La felicidad que ofrece el consumismo es un mero reciclaje: “necesito estar adquiriendo constantemente algo para poder sentir la felicidad por un momento”.
El consumismo presenta el ideal de alcanzar la felicidad como lo primordial, como la máxima necesidad de la persona. Aquello sin lo cual el sujeto no puede vivir, sin lo cual no puede ser reconocido ante la sociedad. Ante esto, el sujeto se ve obligado a consumir productos para alcanzar tal ideal, en otras palabras, le es necesario adquirir la oferta que le ofrece el mercado para realizarse y no quedar excluido en la infelicidad.
El consumismo no hace otra cosa más que interesarse por seguir adquiriendo beneficio propio, por lo que al mirar al individuo dependiente de él, simplemente convierte el ideal felicidad como un producto más, un producto que solo se pude obtener a base de una constante adquisición de productos menores que garantizan posteriormente el producto felicidad.
Cierto es, que no podemos negar que el consumir o adquirir cierto producto nos brinde cierta felicidad, pero ahora cabría preguntarnos si en realidad consumir nos hace felices o más bien, solo nos hace olvidarnos por un momento de nuestra insatisfacción.

Para Hola Jalisco:
Abraham Palomera

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